Leyenda de las cataratas del Iguazu

La Leyenda de las Cataratas

`
Hola, ¿te gustan las historias de amor y aventura? ¿Te fascinan los paisajes naturales y los mitos que los rodean? Entonces te invito a que me acompañes a conocer la leyenda de las cataratas del Iguazú, una de las maravillas del mundo que esconde una trágica y hermosa historia de pasión y coraje.

Las cataratas del Iguazú son un conjunto de 275 saltos de agua que se extienden a lo largo de casi 3 kilómetros en la frontera entre Argentina y Brasil. Su nombre proviene del guaraní «I» que significa agua y «guasu», que significa «grande». Y es que estas cataratas son realmente impresionantes, tanto por su tamaño como por su belleza.

Pero ¿sabes cómo se formaron estas cataratas? Según la leyenda, hace mucho tiempo, el río Iguazú era habitado por una enorme serpiente llamada Boi, que exigía cada año el sacrificio de una doncella para aplacar su furia. Los indígenas guaraníes vivían atemorizados por esta criatura y cumplían con su demanda.

Un año, le tocó el turno a Naipí, la hija del cacique, que era la más bella y dulce de la tribu. Naipí estaba enamorada de Tarobá, un valiente guerrero, y él de ella. Los dos jóvenes decidieron escapar juntos en una canoa por el río, desafiando la voluntad de Boi.

La serpiente, al enterarse de la fuga, se enfureció tanto que se retorció con tanta fuerza que partió el lecho del río, creando así los saltos de agua que hoy conocemos como las cataratas del Iguazú. Naipí y Tarobá cayeron al vacío, pero su amor fue más fuerte que la muerte.

Boi quiso separarlos para siempre, pero no lo consiguió. Naipí se convirtió en una roca en el fondo de la mayor de las cataratas, la Garganta del Diablo, y Tarobá en una palmera en la orilla del río, frente a ella. Desde entonces, se miran eternamente, desafiando la ira de Boi, que sigue rugiendo en las aguas.

Esta es la leyenda de las cataratas del Iguazú, un lugar mágico donde el amor triunfa sobre el mal. Si alguna vez tienes la oportunidad de visitarlas, recuerda esta historia y siente la emoción de Naipí y Tarobá, que siguen vivos en el corazón de la naturaleza.

Scroll al inicio